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ahora no se trata de entender; podría haber saboreado a todos estos hombres (y sus mujeres) pero decidí para toda la vida (es decir por un rato) esperar a que las cosas cayeran o flotaran, o volaran para abajo o para arriba. muchas veces eso no pasó y lo único que sentí fue un vientito en el cuello, un suavecito del aire este espeso que acá abajo me suelta, me suelta, me vacía. allá cuando estábamos arriba en cambio sentía que el acto de estar parada era totalmente involuntario, presión atmosférica: nada suponía un esfuerzo. pero claro, pasan las horas y dudo, no sé si habrá sido la idea de un dios que de vez en cuando aparece o que él mismo disfrazado de nosotros haya inventado tu existencia.

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